La mayoría de los autónomos pueden tributar en estimación directa simplificada, siempre que no superen los límites de facturación que fija la Agencia Tributaria. Es el régimen habitual en servicios, consultoría y profesiones liberales, y también en comercio, transporte y hostelería cuando no se cumplen los requisitos para ir por módulos.
A diferencia de los módulos, aquí se tributa por los ingresos y los gastos reales. Eso tiene una ventaja directa: si un año va mal, se paga menos, porque el impuesto sigue al beneficio de verdad. Y permite deducir los gastos vinculados a la actividad, con lo que se gana control sobre la rentabilidad del negocio.
La contrapartida es que exige llevar los libros registro al día y guardar la justificación de cada gasto. Un gasto sin factura completa, o que Hacienda no considere afecto a la actividad, no se deduce.
La modalidad simplificada, frente a la normal, aplica una tabla de amortización más sencilla y permite deducir un porcentaje del rendimiento neto en concepto de gastos de difícil justificación, con un tope anual.